GONZALO JOVER y EMILIO G. DEL CASTILLO
i — : — Q& "^c
EL PRÍNCIPE HIEDO
OPERETA FANTÁSTICA
EN DOS ACTOS, DIVIDIDOS EN ÜN PRÓIOGO Y NUEVE CUADROS
MÚSICA DEL MAESTRO
VICENTE LLEÓ
SEGUNDA EDICIÓN
Copyright, by Gonzalo 3oü3r \ Emilio G. del eastiilo, 1910
SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES
Núñez de Balboa, 12
1©11
EL PRÍNCIPE SIN -MIEDO
Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po-
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en
España ni en los países con los cuales se hayan cele-
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio-
nales de propiedad literaria.
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Los comisionados y representantes de la Sociedad de
Autores Españoles son los encargados exclusivamente
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duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué-
de, la Norvege et la Hollando.
Queda hecho el depósito que marca la ley
EL PRÍNCIPE SIN-MIEDO
OPERETA FANTÁSTICA
EN DOS ACTOS, DIVIDIDOS EN DN PRÓLOGO I NUEVE CUADROS
escrita en verso por
GONZALO JOVER y EMILIO G. DEL CASTILLO
música del maestro
VICENTE LLEÓ
Estrenada en el TEATRO MARTÍN de Madrid, el 24 de
Diciembre de 1908
SEGUNDA EDICIÓN
MADRID
a. TBLA800, IMJ\, M aBQCÉS DB 8 AHTA AHA, 11 DO?.
Teléfono aúmeio 661
1911
Jl Severo $£liuerri
admirable h)f érpref e del bufóij
Tereijcio.
GRATITUD
Seríamos ingratos si no dedicásemos un recuer-
do de sincera gratitud á nuestro querido amigo
T). José fiaría de 9>^ancos
empresario del teatro Campos Elíseos de Bilbao,
que al estrenar esta obra derrochó riqueza, arte,
buen gusto y talento, contribuyendo poderosamen-
te al extraordinario éxito que allí obtuvo.
La interpretación brillantísima, el decorado
suntuoso y de gran efecto, la sastrería lujosa y
rica y el attezzo fantástico, fueron personalmente
dirigidos por ese artista- empresario, hombre de
admirable voluntad y clarísimo talento que sabe
convertir en realidades los ensueños de poesía.
Justo es también que conste nuestro sincero
aplauso y nuestras fervorosas gracias al notabilí-
simo primer actor y director
D. José £ngefes
que dirigió los ensayos con su proverbial maestría.
Reparto en Madrid
PERSONAJES ACTORES
ÉL PRÍNCIPE SIN-MIEDO -. Seta, ülivkeei.
LA PRINCESA AMANDA Sea. Bajatiebba.
FEBO XX... Y PICO . . González.
TROVADOR 1.° \
CARACULIAMBRILLO lo ( Seta, Conteeeas.
INCANDESCENTE 1.a )
TROVADOR 2.° ¡
CARACULIAMBRILLO 2.o ; Ugena.
INCANDESCENTE 2.a \
TROVADOR 3.o \
CARACULIAMBRILLO 3.° I Aeeosamena.
INCANDESCENTE 3.a 1
LA LUNA. j
LA VERDAD i ESPANA'
LA AURORA (no habla) Niña Maetínez.
TERENCIO, bufón Se. Uliveebi.
CASIANO, escudero Camacho.
EL GRAN DUQUE REGENTE DE
FARSALIA Delgado.
CARACOCO, su ministro Poeta.
EL DOCTOR RADIUM . . Lujan.
EL OCASO '. Mebendón.
EL GRAN MERIDIANQ Palomino.
EL LUCERO DEL ALBA Falagán.
Heraldos, trovadores, soldados, damas, caballeros, pajes, bayade-
ras, brujas, estrellas, habitantes del Sol, astros, satélites
y pueblo de Farsalia
La acción en el Gran Ducado de Farsalia (imaginario) en Italia
Época: Edad media
Decorado nuevo de Gayo. — Sastrería de Serrano.
Reparto en Bilbao
PERSONAJES ACTORES
EL PRÍNCIPE SIN -MI EDO Seta. Clab.
LA. PRINCESA AMANDA Nadal.
FEBO XX... Y PICO Casesnoves.
LA VERDAD Sea. Guillen.
LA LUNA o Seta. Adua.
CARACÜLIAMBRILLO i.¿ ..... .
INCANDESCENTE 1.a
TROVADOR l.o
CARACÜLIAMBRILLO 2.°
INCANDESCENTE 2.a Sai a
TROVADOR 2.o
CARACÜLIAMBRILLO 3.o i
INCANDESCENTE 3.a ( Blanco.
TROVADOR 3.o \
LA AURORA Adua.
HERALDO l.o Pino. .
ÍDEM 2.o Gaeeido.
TERENCIO, bufón Se. Guillot.
CASIANO, escudero Valle.
EL GRAN DUQUE DE FARSALIA. López.
CAR ACOCO, su ministro Vallina .
EL DOCTOR RADIUM. Salvados.
EL GRAN M ERIDI ANO Vi aña.
EL OCASO Agudo.
EL LUCERO DEL ALBA Pascual.
Heraldos, trovadores, soldados, damas, caballeros, pajes, bayade-
ras, brujas, estrellas, habitantes del Sol, astros, satélites
y pueblo de Far salía
Se estrenaron siete preciosas decoraciones del notable
escenógrafo Eloy Garay, lujoso y rico vestuario de Vila y
atrezzo de Ribalta.
r-"Z6
títulos de los cuadros
Prólogo* — Al respetable publico»
Cuadro í*° — Tres sencillas condiciones.
Cuadro 2*° — A la luz de la Luna*
Cuadro 3*° — Los monstruos de la caverna.
Cuadro 4*° — El aquelarre*
Cuadro 5*° — El camino del Sol*
Cuadro 6*° — Febo XX*.* y pico.
Cuadro 7*° — El alma de un bufón*
Cuadro 8*° — El agua de la verdad*
Cuadro 9*° — Apoteosis*
A LOS SRES. DIRECTORES DE ESCENA
OBSERVACIONES IMPORTANTES
Reparto.
Creemos innecesario hacer ninguna observación des-
pués de consignar el que obtuvo esta obra en Madrid y
Bilbao. Los artistas que la desempeñaron son sobrada-
mente conocidos y sus especiales aptitudes y género de
trabajo también para resolver cualquier pequeña duda
que se presentase.
Ensayos.
La índole de la obra, escrita toda ella en verso, obliga
al estudio personal por el actor. Sin saber bien un verso
es casi imposible decirle con perfección. En cuanto al
conjunto, requieren especialísimo cuidado los cuadros
que llevan por título «Tres sencillas condiciones»,
«Febo XX... y pico» y «El agua de la verdad». Los
otros no tienen otra dificultad que la de conseguir de
los intérpretes que estudien sus papeles.
Efectos.
Cuadro tercero: Los monstruos que aparecen han de
ser tres. Dos pequeños y uno grande, enorme, que pue-
de no salir á escena, sino verse en la boca de la gruta
en el momento oportuno. Para mayor facilidad de la
mutación, este cuadro debe ser un telón en primer tér-
mino con la entrada de la caverna practicable al retirar
un trasto que se coloca tras del telón. La forma de los
monstruos más pequeños debe aproximarse á la de los
dragones alados, y el grande lo más fantástico posible.
Cuadro cuarto: «El aquelarre» La decoración de in-
terior de gruta debe ser extraña y dar sensación de mis-
terio. JE1 pozo ha de colocarse sobre el escotillón que
juega en las apariciones de La Verdad y de Casiano, Al
aparecer la primera, el pozo debe transformarse en fan-
tástico templete de flores, iluminando la figura desde
los telares con un potente foco de color violeta ó verde.
El bailable de estrellas está convenientemente explica-
do. Los trajes de serpentina blancos llevarán en las alas
varillas de madera, que moverán con uniformidad las
bailarinas, bien escondiéndose entre las alas, bien
echándolas hacia atrás, bien tremolándolas en las vuel-
tas para que el efecto de los focos de colores resulte aun
mayor.
Cuadro quinto: «El camino del sol». Esta decoración
irá toda preparada durante el cuadro anterior, y en el
momento de finalizar el baile se levantará el forillo,
apareciendo como un cuadro plástico. Ha de ser muy
fantástica y estar iluminada profusamente. Cuídese este
final de acto, ajustando bien al efecto de decorado el
final del bailable.
Cuadro sexto: «Pebo XX... y pico». Aquí es donde
un buen director puede lucir su talento, un sastre su
buen gusto y un pintor su fantasía. El enfoque de di-
verso color durante todo el cuadro, que será á plena luz
hasta el eclipse, da la impresión de que arden los enor-
mes girasoles que constituyen la decoración, si el es-
cenógrafo se toma la molestia de acentuar su dibujo
con talcos bien dispuestos. El practicable, que ha de
ser de poco más de un metro de altura, ocupará todo el
foro, detrás del último rompimiento, y ha de ir disi-
mulado detrás de grandes macizos de girasoles.
Para el efecto del eclipse, que ya va conveniente-
mente explicado en su lugar, debe disponerse un ca-
rrito que no meta ruido y asegurar sobre él una media
luna de talco que tenga mayor altura que la de la se-
ñorita que represente La Luna. Conviene que el prac-
ticable tenga en el centro una escalerilla que permita
el acceso á Fébo cuando acude al abrazo conyugal. Al
tiempo de salir la luna por el practicable, entrarán en
escena por el mismo lado los soldados de la luna, mu-
chachas caprichosamente vestidas de color azul celeste
y plata, contrastando con los soldados del sol, que visten
de rojo y oro.
Cuadro séptimo: «El alma de un bufón». La espada
que saca Terencio ha de ser de madera de pino sin
pintar, semejante á las que construyen los muchachos
para sus juegos. Cuanto más tosca, mejor.
Cuadro octavo: «El agua de la verdad». El efecto de
Ja transformación de las cabezas del Gran Duque y Ca-
racoco en otras de zorro y asno, respectivamente, es
sencillísimo, y ha de hacerse de espaldas al público y
rodeados de pajes para que no se vea. Dos criados sa-
carán los aguamaniles revestidos de terciopelo rojo y
con palanganas de cartón bien simuladas, pero sin fon-
do, de modo que en ellas se oculten las cabezas de zorro
y asno. Cuando los dos actores se inclinan para lavarse,
meten sus cabezas en las de cartón y se vuelven hacia
el público, procurando gritar, porque la voz se apaga
mucho. Es un efecto cómico muy grande y, aunque
inocente, resulta gracioso por lo imprevisto.
Cuadro noveno: Apoteosis. Confiamos en el buen
gusto de los directores para la presentación de figuras.
Pueden colocarse artísticamente en el foro todos lo&
personajes de los diversos cuadros que estén vestidos,
y al aparecer el cortejo que en el cuadro anterior hace
mutis por un lateral, arrojar ñores naturales sobre
Amanday El Príncipe Sin-Miedo. La mutación á obscu-
ras se hará durante la última parte de la marcha que
tocará la orquesta sola.
Sastrería.
Dentro de la época el mayor lujo posible y en lo fan-
tástico atender, más que á lo raro, á lo bonito y vistoso
de los trajes de capricho. En sastrerías bien surtidas se-
hallarán elementos suficientes sin hacer mucho traje
nuevo.
Atrezzo.
Nuevos solo son precisos los monstruos, las cabeza»
de animales y la espada de palo. Lo demás es relativa-
mente vulgar.
Agradecemos por anticipado el interés que los seño-
res directores de escena se tomen al ensayar esta obra
y confiamos á su talento y buen gusto los pequeños de-
talles que hayamos olvidado.
±&.
****^ ^6y^>0ca^^g>fa^ «<stt»h,
PRÓLOGO
Al respetable público
Telón corto. Alegoría de un castillo en ruinas, sobre cuyas almenas
vuelan brujas y demonios El Príncipe Sin-Miedo montado en un
caballo, y á sus pies dos monstruosos grifos á los cuales vence.
Luz roja en la batería.
(Sale Terencio (bufón) y dice:)
Público amigo: Escúchame y perdona
si indiscreto me atrevo á hacer preguntas.
¿Recuerdas tú, de niño, haber oído
absurdos cuentos, llenos de aventuras
extraordinarias de hadas y gigantes,
enanos, monstruos, cíclopes y brujas?
Yo quiero recordarte esas historias
para ver si, olvidado de tus dudas
con su inocencia, vuelves con fe ciega
á ver, entre los rayos de la luna,
fantasmas de abnegados caballeros
que por su amor á las hermosas luchan,
genios del mal que acechan sus hazañas
envidiando su arresto y su bravura,
buenas hadas que auxilian generosas
á los valientes que por ellas triunfan.
¡Todos aquellos cuentos, que tu madre
te contaba, al dormir, junto á la cuna!
Sé niño unos instantes. Y si en ellos
te acaricia un recuerdo de ternura
— 16 —
de aquella edad dichosa; si á mi ruego
otra vez te crees niño, ¡qué fortuna!
Soñarás otra vez príncipes-héroes,
encantadas princesas, trasgos, brujas.
¿Las cosas que no son? No importa. Sueña,
que sin soñar, la vida es amargura.
Su prosa el corazón llena de lágrimas,
¿quieres que el llanto de tus ojos huya?
Vuelve á la encantadora poesía
de la edad de los sueños. Ven y escucha
un cuento, como aquellos que tu madre
te contaba, al dormir, junto á la cuna.
Mutación á obscuras
II II II II II II || II II II II II II H ti II 'I II II II II II II 'I II II II II II II II II II II II I'
ACTO PRIMERO
CUADRO PRIMERO
Tres sencillas condiciones
Explanada ante el castillo del Gran Duque de Farsalia. El tercer tér-
mino lo ocupa por entero un practicable de unos dos metros de
altura que simula ser la muralla practicable, coronada de almenas.
Desde el centro de la muralla hasta la escena se desciende por
amplia escalinata cubierta con un tapiz y con balaustrada. A la
derecha uno de los torreones del castillo con ojiva y puerta prac-
ticables. Al foro telón de paisaje pintoresco. En la escena, á la
izquierda, el trono del Gran Duque, con dosel, dos sillones blaso-
nados, un escabel y cojines en las gradas. Amanece. Suavemente
aumenta la luz hasta el pleno dia.
Al levantarse el telón la escena está sola. Por la escalinata del
foro descienden Terencio (el bufón) y los tres Trovadores, envuel-
tos en capas blancas y con cítaras ó laudes.
ESCENA PRIMERA
TERENCIO, TROVADORES (tres tiples)
Música
Ter. Bella señora,
á saludarte viene la aurora.
Ya luce el dia,
ten esperanza y en mí confía.
2
— 18 —
Olvida tus pesares
Princesa, al despertar,
que es día de esperanza
y Amor hoy triunfará.
Trovadores Olvida tus pesares,
Princesa, al despertar,
que es día de esperanza
y Amor hoy triunfará.
Ter. Ven, bella aurora,
ven y despierta á mi señora.
Tráela alegría
y en tus destellos la poesía.
Y olvida ya, Princesa,
tu sueño al despertar,
que es día de esperanza
y Amor hoy triunfará.
Trovadores Despierta ya, señora,
despierta ya al Amor,
que el beso de la aurora
te trae vida y calor.
(Terminada la trova, sale la Princesa Amanda á una
ojiva del castillo; los Trovadores quedan en la escali-
nata. Terencio (el bufón) se acerca al pie del muro.)
ESCENA II
DICHOS y AMANDA
Hablado
Aman. Mil gracias por la alborada,
mis gentiles trovadores.
Obra tuya fué, Terencio.
Ter, Ya no trovan los bufones;
que espantaron á las musas
por locos y por deformes.
Mas, como al sol, cuando nace
saludan los ruiseñores,
quise que estos pajarracos
te saludasen.
Aman. ¿Entonces
me crees un sol?
Ter. Más que él brillas,
— 19 —
señora, en los corazones.
(A los otros.)
Amigos míos, marchad
á que el gaznate os remoje
maese Alcuza, el hostelero.
Es por la Reina el escote.
Trov. l.o ¡Viva la Reina!
Ter. Bebed
hasta que en vino se ahoguen
vuestros gorgoritos.
TrOV. l.o (iniciando el mutis con los otros.)
Vamos.
Este loco es todo un hombre.
(Mutis foro.)
ESCENA III
AMANDA y TERENCIO
Ter.
A solas ya, y sin testigos
que siempre son enemigos
del secreto,
vamos á tratar ahora
de tu situación, señora.
Aman.
¡Sé discreto! (Suplicante.)
Ter.
¿A qué me niegas confianzas
cuando te traigo esperanzas?
Aman.
Fuera agravio.
Ter.
Vé que yo, por viejo y loco,
leo en las almas un poco
sin ser sabio
Cumples hoy los veinte abriles,
y á no ser por artes viles
de tu tío...
en tfarsalia reinarías.
Aman.
En reinar, mis alegrías
yo no fío.
Ter.
Eres del trono heredera.
Aman.
No admiten reina soltera
nuestras leyes.
Ter.
Tu tío las ha dictado.
Aman.
Su ministro le ha inspirado.
¡Son los reyesl (Con pena.)
— 20 —
Yo encerrada en el castillo
vivo, esperando al caudillo
generoso
que cada año en este día
pueda por su valentía
ser mi esposo.
Mas, ¡ay! condiciones tales
esos dos hombres fatales
impusieron
que tres príncipes llegaron
y cuando las intentaron
sucumbieron.
¿Dónde habrá hombre tan vehemente,
tan osado y tan valiente
que acudiera?
Ter. De uno sé que por ganarte
tanto haría de su parte
que venciera.
Aman. Hoy será el torneo en vano.
Nadie aspirará á mi mano.
Los pregones
sonarán en el vacío.
No acaricio, amigo mío,
ilusiones.
Ter. Pues ten fe, que yo me cuido
de que ese desconocido
tarde poco.
Acaricia la esperanza .
y... ten en mí confianza
¡que soy loco!
(Dice estas palabras riéndose y hace mutis saludando,
ridiculamente al pasar por delante de los que entran
en escena.)
ESCENA IV
GRAN DUQUE y CARACOCO que viene hablando en voz baja. La
Princesa Amanda se retira de la ojiva al verlos entrar. Estos dos.
tipos han de hacerse en bufo
Duque Cuéntame, buen Caracoco.
CARAC. Majestad... (Gran reverencia.)
Duque ¡No pongas motee!
— 21 —
Carac.
¿No sois el Rey?
Duque
Interino
y á punto de pasaporte.
¿Se casará mi sobrina?
Carac.
Se han tomado precauciones
para impedirlo.
Duque
Sí... pero...
¿No serán pocas?
Carac.
No hay hombre
que realice las tres pruebas
exigidas.
Duque
Es que entonces
estaba todo perdido.
¡A.1 ostracismo!
Carac.
Conformes.
Duque
¿Cómo conformes? ¡Un cuerno!
Antes bizquen que tal logren.
Carac
Sois Rey eterno; de fijo
no viene nadie.
Duque
¿Supones?
Carac.
Estoy cierto.
Duque
Pues hablemos
de negocios de la Corte.
¿Qué tal anda mi tesoro?
Carac.
Todas las contribuciones
se han cobrado.
Duque
¡No hay ministro
mejor que tú en todo el orbe!
Carac.
¡Me hacéis gran favor!
(Suenan dentro clarines.)
Duque
¡Clarines!
La fiesta comienza. Ponte
á mi lado y si hay discursos
apunta bajo, no noten
que hablo por boca de ganso
y se me burlen los nobles.
ESCENA V
DICHOS, AMANDA y su corte de DAMAS y PAJES que salen del
Castillo por el foro. TROVADORES, HERALDOS. A su tiempo las
BAYADERA8, CORTES AN03, PUEBLO y TERENCIO que va á sen-
tarse en las gradas del trono. Sobre éste en un escabel Amanda. El
— 22 —
Gran Duque ocupa uno de los sillones, al otro queda vacío. Caracol
co de pie al lado del Gran Duque. A ambos lados la corte y guardias.
al fondo el pueblo
Música
Coro Celebremos con justa alegría
la fiesta del día
de su Alteza real.
Y no dudes gentil soberana
que hoy goza y se ufana
Farealia leal.
Duque Farsalia te saluda,
sobrina Amanda,
por ser hoy tu vigésima
fiesta onomástica.
Acaso hoy se presente
el caballero
que al alcanzar tu mano
te otorgue el reino.
Coro Debemos esperarle
con regocijo.
Duque Pues empezad la fiesta,
subditos míos.
(Danza de las Bayaderas.)
CORO (Mientras bailan.)
¡Pobre Princesa
que penas y añoras
de tus ensueños de amores la ausencia
las penas lloras
de tu inocencia!
¡Pobre Princesa
que penas y lloras
dulces ensueños de vida y amor
que nuestra alegría
calme tu dolor!
Hablado
Duque ¡HeraldosI Vuestras bélicas trompetas
anuncien, según fórmula legal,
que la corona de Farsalia espera
quien á su reina sepa conquistar.
(Los Heraldos suben á lo alto de la plataforma del foro-
- 23 -
y hacen sonar sus clarines. Caracoco sube con ellos y
desenrollando un pergamino que saca de la escarcela
lee.)
Carac «Si algún caballero de noble linaje
aspira á la mano de nuestra Princesa,
acuda á Farsalia y acepte el torneo,
corona le aguarda y amores le esperan.»
(Pausa.)
Duque (Aparte.)
Nadie... Respiro... ¡Y va una!
AMAN . (Con pesar.)
¡No acudirá nadie!
TER. (Aparte á Amauda.) Espera.
Duque Será preciso aguardar
otro año. ¡Con lo que pesan
un cetro y una corona!
¡Me van á faltar las fuerzas!
Ter. Debiera leerse el pregón
tres veces.
Duque Si... (Aparte.) ¡Que no vengan!
Carac «Si algún caballero de noble linaje
aspira á la mano de nuestra Princesa,
acuda á Farsalia y acepte el torneo,
corona le aguarda y amores le esperan.»
Duque ¡Nadie tampoco! Es inútil
eontinuar. Siga la fiesta
un año se pasa pronto,
sobrinita... ten paciencia...
Ter. ¡Debiera leerse otra vez!
Duque Bien... ¡Y va la última!...
(a caracoco.) Empieza.
Carac. «Si algún caballero...
ESCENA VI
DICHOS, CASIANO escudero
Cas.
Carac.
Cas.
¡Alto!
¿En?
Que hables alto, no sea
Duque
Carac.
que no te oiga quien le importe
¿Qué es eso?
Una irreverencia.
- 24 —
Cas.
DüQLE
Aman
Duque
Ter.
Carac.
Cas.
Ter.
Trov. 1. o
Ter.
Duque
Cas.
Cas.
No es sino un pobre escudero
sin un escudo de renta
metido a heraldo de encargo
y á embajador por sorpresa.
Mi amo me encarga os anuncie
que acudirá á la palestra,
resuelto á cargar con todo
incluso con la Princesa,
siempre que no sea golosa,
tonta, remilgada ó fea.
Tu amo, escudero, no puede
tomar parte en esta empresa.
¿Por qué?
Porque llegas tarde.
Se hizo por la vez postrera
el pregón.
No. Que no se hizo.
Yo comencé...
Quien comienza
cosa que no acaba, solo
labor inútil tiene hecha.
¡Que se lea otra vez!
Sí.
¡Es la ley!
(Murmullos de aprobación general.)
Pues bien .. que lea.
(Aparte.)
Y no viene; me parece
que se queda sin Princesa
«Si algún caballero...
ESCENA VII
DICHOS y el PRINCIPE SIN-MIEDO armado de punta en blanco
con brillante armadura de oro, que aparece en el practicable
Prín. ¡Yo!
Ter. ¡Viva el gentil caballero!
Todos ¡Viva!
Aman. (Aparte.) Mi sueño.
Duque . ¿Quién sois?
Prín Soy el Príncipe Sin-Miedo.
Carac. ¿A qué venís? .Qué queréis?
Cas. ¡Dejadle tomar aliento!
25
Prín.
(a Casiano.)
¿Quién es ese que pregunta?
Cas.
Es ei preguntón del reino.
Duque
¿Venís á por mi sobrina?
Prín.
A ganarla en el torneo.
Carac.
¿No os asustan los peligros?
Prín.
¿Los peligros? No los temo.
(Aparte á ( asiano.)
No he temblado ni mirándole,
á pesar de ser tan feo.
Duque
¡Sois tan joven!
Cas.
¡Un chiquillo!
Pero ya veréis qué genio.
Carac.
¡Y tan lampiño de cara!
Duque
¡Y tan menudo de cuerpo!
Prín.
Duque
Me habéis medido muy mal,
señores, al decir eso.
Si me miráis de alto á bajo
tal vez resulte pequeño;
pero en mi patria nos miden
de otro modo más perfecto.
¿Cómo?
Prín.
Desde el corazón
á la punta del acero.
Duque
(Este mancebo es terrible,
tiene un carácter de hierro.)
Carac.
(Ya veréis cómo se vuelve,
en cuanto yo hable, un cordero.)
¿Sabéis que hay tres condiciones
precisas?
Prín. .
Sé que no puedo
alcanzarla sin obstáculos,
y me dispongo á vencerlos.
Duque
Designadle las tres pruebas.
(Aparte á Caracoco.)
Desistirá
Carac.
(Aparte al Gran Duque.)
Pongo el cuello.
(Los pajes traen un «gran atril» y lo colocan
en el
centro de la escena. Sobre él ponen un gran
«libro
dorado».)
Duque
Leed.
Ter.
Esa es función mía,
que entre locos anda el juego.
— 26 —
Aman.
Duque
Ter.
Carac.
Duque
Carac.
Duque
Aman.
Prín.
Pueblo
Ter.
Duque
Carac.
Prín.
Aman.
Carac.
Ter.
¡Dios mío, asistidme!
(Aparte á Caracoco.) E8toy
que me ahogan con un cabello.
«Primera prueba. El gigante
Caraculiambro ef< del pueblo
feroz azote. Se exige
que con él entable duelo
quien pretenda á la Princesa,
y lo venza y mate.»
(Aparte al Principe.) Advierto
al Príncipe que el gigante
tiene los dientes de acero.
(ídem.)
El gigante es antropófago.
(ídem.)
De un soplo tumba un ejército.
Desistid, vais á la muerte.
¿Rehusáis, Príncipe?
i Acepto!
(Murmullos de aprobación en el pueblo.)
¡Bravo! ¡Bien I
«Segunda prueba:
A veinte leguas del reino
hay una cueva en que habitan
brujas, endriagos y genios,
defendida por fantasmas
y guardada por espectros.
En la gruta hadas laboran,
según un cronicón viejo,
el agua de la hermosura.
Se le exige al caballero
que aspire á la Reina Amanda
que traiga un búcaro lleno
de ese agua.»
(ai príncipe.) No es porque intente
desanimaros... no... pero...
en la gruta hay fieras, monstruos.
El agua no existe.
¡Acepto!
Gracias, señor.
Adelante.
(Aparte.)
Ahora... ahora viene lo bueno.
«Ultima prueba: Es preciso
— 27 ~
que adornen el manto regio
tres rayos de sol bordados.»
Duque ¿Los traeréis vos, caballero?
Carac. Lo veo un poco difícil.
Aman. jEs imposible!
Carac. Si Febo
se deja arrancar tres rayos
me declaro majadero
de solemnidad.
Duque Conozco
que renunciáis, y...
Prín. )No! ¡Acepto!
¡SE ! <™
Prín. Dicho está-
Aman. (con alegría.) (¡Acepta!)
TER. (Aparte al Príncipe.) Príncipe,
contad con todo mi esfuerzo.
Entiendo un poco de alquimia
y hechicería.
PrÍN. (Aparte á Terencio.)
¡Terencio,
gracias mil!
Aman. ¡Oh, si venciera!...
Cas. (¡Pobre amo! ¡Se juega el cuello!)
Prín. Princesa... Voy á ganaros.
Aman. Príncipe... ¡En nombre del cielo!
¡No aceptéis! ¡Vais ala muerte!
Ppín. ¡No me importa! Por vos muero,
y es morir por una dama
más que un dolor, un contento.
CAS. (Aparte al Príncipe.)
(Amo... que mira el Gran Duque
y empieza á arrugar el ceño.)
Prín, Nada me importa.
Cas. (Entrediéntes mirando al Gran Duque.)
¡Antipático!
Duque ¿Qué es lo que murmuras, necio?
Cas. Es que estoy hablando solo.
PRÍN. (A la Princesa.)
¿Y guardareis un recuerdo
de mi amor, si yo muriese V
Aman. Llevad sobre vuestro pecho
mis armas. En esta banda
las bordé yo misma.
— 28 -r
(El Príncipe hinca una rodilla en tierra. La Princesa
Amanda se desciñe una banda y se la cruza al pecho.)
PrÍN. (Levantándose.) Empeño
mi palabra de ser digno
de tan preciado trofeo.
Ter. ¡Viva nuestro Rey futuro!
¡Viva el Príncipe Sin-Miedo!
Cas ¡Y viva yo, qué demonio,
porque soy el escudero!
DUQUE (A Caracoco.)
El cuello pusiste en prenda,
como triunfe... ¡Te degüello!
Prín. Adiós, Princesa.
Aman. ¡Él os guíe!
TER. (Aparte.)
¡Sea ella dichosa al menos!
Música
Coro
Duque
Coro
Carac.
Prín.
Aman.
Ter.
Todos
Prín.
Coro
¡Salud! ¡Salud y gloria!
Salud al bravo Príncipe
de nuestra hermosa reina
caballero
¡Salud! ¡Salud!
(a caracoco.) El diablo se lo lleve
¡Salud! ¡Salud!
Fiad en mi consejo.
Amor ha de guiarme á la victoria.
Amor me inunda el alma con su fuego.
Olvida ya, princesa,
las penas de tu amor,
que el eol las flores besa
y trae vida y calor.
Despierta ya, Princesa;
despierta, porque el sol
te trae entre sus rayos
ensueños de ilusión.
¡Adiós! ¡Adiós!
siento ansias de marchar
tu mano y mi ventura
á conquistar.
¡Salud! ¡Salud y gloria!
Salud al bravo Príncipe
— 29 —
de nuestra hermosa Reina
caballero
La gloria le conceda sus laureles
¡Saludl ¡Salud al Príncipe Sin-Miedo!
Tu deber es triunfar.
Tu misión es amar.
Volverás vencedor,
pues te guía el amor.
(El Príncipe saluda desde lo alto de la escalinata, al-
zando su montante, que ha desenvainado briosamen-
te. Todos le aclaman y agitan sus armas y sombreros,
arremolinándose frente al practicable en animado y
artístico conjunto. Amanda junto á Terencio y el Gran
Duque con Caracoco forman cuadro. Los soldados per-
manecen junto al trono presentando armas.)
Mutación á obscuras
CUADRO SEGUNDO
A la luz de la Luna
Cae un telón corto de paisaje en noche de luna. A la izquierda uno-
de los torreones del castillo del Gran Duque, con ojiva ó ventana-
practicable. Efecto de luna.
ESCENA PRIMERA
TERENCIO envuelto en su capa
VOZ (De un centinela dentro )
¡Centinela, alerta!
Ter. Alerta
viven en mí mis pe?ares.
¿Pero á quién no siendo loco
le ocurriera enamorarse?
Sólo por ella viví;
amándola más que nadie,
consagrado á hacer su dicha,
suspirando mis afanes
en la sombra... Y en un día,
— 30 —
menos aún, en un instante,
el bufón queda bufón
y otro hombre logra que le ame.
El amor es sacrificio,
corazón, tú ya lo sabes.
Loco... tu última locura
la esperanza va á robarte.
¡Busca tu dicha en la dicha
de los que felices hacesl
ESCENA II
DICHO. PRÍNCIPE con capa blanca
Prín. ¿Quién va?
Ter. Ni vengo ni voy.
Prín. ¿Quién es?
Ter. ¡Príncipe!
Prín. ¡Terencio!
¡Mi amigo!
Ter. (se abrazan.) Tu padre, el Rey
de Andrónica, fué mi dueño;
yo era tu ayo y confidente.
Prín. Sí... Mi hermano y mi maestro.
Ter. Cuando partiste á calmar
tus entusiasmos guerreros,
como bufón del Gran Duque
vine nombrado á estos reinos,
que había,dado ya en loco
en fuerza de tratar cuerdos.
Y huérfana Amanda, he sido
padre y bufón, todo a un tiempo.
Pensando que de tal dama
tú eras digno caballero,
te avisé porque acudieras
á ganarla en el torneo.
¿Hice mal acaso?
Prín. No.
Yo la elección te agradezco.
Ter. Tu audacia espanta al peligro;
pero hace falta más que eso.
Te han exigido tres pruebas.
— 31 —
Prín. Sólo restan dos, Terencio.
Ter. ¿Con que has matado al gigante?
Prín. .Duerme ya su sueño eterno.
Ter. ¡Bravo! Era difícil lucha,
Prín. Como yo le reté á duelo,
Caraculiambro, furioso,
al mirar mi atrevimiento
alzó su hacha descargándola
sobre mí; mas yo, sereno,
al punto de recibir
el golpe, me arrojé al suelo.
No encontrando el hacha obstáculo
venció al gigante su esfuerzo
y cayó; yo me alcé rápido
y hundí mi espada en su cuello.
Ter. Tu valor está probado,
pero veamos hoy tu ingenio.
El agua de la hermosura
existe... mas no es el medio
de obtenerla entrar á saco
en la caverna en que hicieron
nido las brujas. De alquimia
y hechicerías entiendo,
y con ellas vencerás
aun mejor que con tu acero.
Es sábado; al dar las doce
á la gt uta llegaremos;
las brujas á su aquelarre
habrán volado.
Prín. No encuentro
palabras para mostrarte
todo mi agradecimiento.
Ter. Hazla feliz si la logras,
ese es mi único deseo.
Prín. Gracias.
Ter. (Deteniéndole.) Calla. ¿No has oído?
una ventana se ha abierto.
La de su cuarto.
Prín. ¿Qué dices?
Ter. Que se abre para ti el cielo.
Habíala, que yo en la cítara
haré el acompañamiento.
Prín. ¡Terencio! (se abrazan.)
Ter. ¡Sed muy dichosos!
— 32 —
(Aparte con dolor inmenso.)
¡Dios mío, cuánto la quiero!
(Sale Teiencio y se supone que queda cerca de es-
cena.)
ESCENA III
PRINCIPE y AMANDA en la ventana. Se supone que Terencio tañe
dentro pianísimo su laúd
Música
PrÍN. (Recitado.)
Yo soñaba...
Aman. ¿Sois vos?
Prín. Sí; que os esperaba.
Aman . ¿Vencisteis?
Prín. Solo al gigante.
Aman. Ya es bastante.
Prín. La suerte ha sido mi esclava.
AMAN. (Con mucha ternura.)
¡Caballero!
¡El de la cota de acero!
¡El de los cabellos de oro!
¡Yo os adoro
por bravo y por lisonjero!
Prín. ¡Bella mía!
¡La estrella de mi alegríal
¡La perla de mi tesoro!
¡Yo os adoro
y os juro habéis de ser mía!
Aman. Bien quisiera,
que ya la prueba postrera
felizmente realizada
vuestra espada
en el armero durmiera.
Prín, Ya se abrasa
mi amor, pues el tiempo pasa.
Tengo prisa
de mirar vuestra sonrisa
como adorno de mi casa.
Aman. Adiós, pues... y buena suerte.
Prín. Seré vuestro hasta la muerte.
¡Os adorol
Aman. (con pasión.) Caballero...
El de la cota de acero...
Prín La perla de mi tesoro...
(Cesa la música. Vase el Principe. Amanda se retira
de la ventana.)
ESCENA IV
TERENCIO, sale y dice con gran amargura á su cítara
Hablado
Laúd ingrato y traidor; mal instrumento
que no sabes hablar con tu armonía
ni en las notas que mi alma te decía
has podido expresar mi sentimiento.
¡Ay! ¡Cómo se conoce que no adoras
ni tienes que ocultarlo, laúd mío!
A mí cuando me mandan reir, río;
yo te pido que llores y... no lloras.
(Dice la última parte del veiso en un sollozo de amar-
gura y hace mutis tras el Príncipe.)
Mutación á obscuras
CUADRO TERCERO
Los monstruos de la caverna
Telón en segundo término. Montañas muy agrestes y fantásticas. En
el fondo entrada de gruta practicable. De noche como en el cuadro
anterior, pero sin luz de luna.
ESCENA PRIMERA
CASIANO gritando desde dentro. Cuando se indica, sale á escena
muerto de mieao y huyendo de su sombra
¡Favor! ¡Socorro! ¡ Auxilio, almas cristianasl
¿No habrá un alma viviente
que me ayude á vivir; tan ricamente
como yo vivo y de tan buenas ganas?
— 34 —
¡Favor! ¡Socorro á un mísero escudero
que pagará el favor!... Mas no en dinero,
pues igual de escurrida
anda su pobre bolsa que su vida.
(Sale.)
¿No habrá quién me oiga aquí?
¡Nadie! ¡Quimera!
¡Y he de morir así! ¡Como un muñeco!
(Voz provocando el eco.)
¡Oooh! ¡Nada! ¡Ni el eco tan siquiera!
(igual.)
¡Oooh!
(Voz del eco lejana y lúgubre.)
¡Oooh! ¡Ay!... Gracias, señor e2o!
(Dirigiéndose á las montañas.)
jEcol ¡Si es que de ti fiarme puedo
lleva mi queja al Príncipe Sin-Miedo
si vive todavía,
que yo creo que no, pues su osadía
le hizo retar á duelo emocionante
al terrible gigante
que á estas horas de fijo se ha comido
al Príncipe y lo tiene digerido.
Yo lo vi. ¡Qué tiazo, Dios clemente!
Ap roxi m adam ente
medía de talón á coronilla
sus tres leguas y media de Castilla.
Yo le decía á mi amo: «Ten en cuenta
que lo menos que calza es el noventa,
que es muy grande, muy grande y muy bo-
[rrico. »
El decía: «¡Con él he de medirme!»
Y yo le respondía: «¡Dale firme!
Pero verás cómo resultas chico.
Mira, señor, que es loca la aventura,
que no sirve de nada esa bravura;
que el pueblo nos espera en nuestra tierra
para seguirte á victoriosa guerra;
que tú eres su estandarte
— y no digo pendón, por no faltarte.—
¡Lo mismo que si hablara
con un trozo de mármol de Carrara!
JSe fué... Yo me quedé, junto á la puerta
que dejaba entreabierta
— 86 —
oyéndole decirme: «Echa adelante;
echa tras mí ó encenderás mi enojo,
echa bríos y sigúeme, tunante,
echa...» ¡Y yo eché... el cerrojo!
Y luego eché á correr... con tal mal tino
que he perdido el camino
y no sé donde estoy... Porque al instante
en que huí de la casa del gigante
noté que me seguían tres chiquillos
que de seguro son los gigantillos.
¡Ay! ¡Que ya están aquí! ¡Ya no hay escape!
¡Que me come el primero que me atrape!
^Favor! ¡Socorro!
(Sale un gran zapato por el suelo.)
¡Cielos, qué zapato!
¡Es del gigante!
ESCENA II
CASIANO y los tres CARACULIAMBRILLOS. Tres tiples de bebé
tjue salen del zapato con enormes tenedores amenazando á Ca-
siano
Car. l.o ¡Quieto aquí ó te mato!
Música
(Rodeándole con los tenedores.)
Los tres Tú eres escudero
del otro mortal.
(Vuelven á girar á su alrededor.)
¡Qué bonito!
¡qué chiquito!
Cas. Yo me siento mal.
Los tees Papá que te trinchemos
viera con gusto.
€as. Van á darme estos niños -
el gran disgusto.
Los tres Somos los Caraculiambrillos
aunque tan grandes tres chiquillos
y á los mortales que miramos
con el trinchante les trinchamos.
— 36 —
Pero hay mortal empedernido
á quien le agrada ser comido
para gustar de nuestras bocas
la seducción.
Y hay quien nos mira
y hay quien suspira
y hay quien delira
por nuestro amor.
Y hay que quitarse de delante
cuando esgrimimos el trinchante-
porqué peligra en ese instante
el corazón.
Todos Que es el arma de nuestra pasión
la seducción.
Cas. Es muy triste servir de ración
de digestión.
Hablado
Car. l.o Tenemos que castigarte
por haber sido atrevido.
Cas. ¿Atrevido yo? ¿Casiano?
¡Qué penetración de chicos!
Car. 2.o ¿Qué hacemos? ¿Enamorarle?
Cas. Perdéis el tiempo, monísimos.
Car. I.0 Yo prefiero hacerle albóndigas
Car. 2.o Y'o prefiero picadillo.
C*r. 3.o Yo papilla de escudero.
Cas. ¡Ay, qué monada de niño!
Car. l.o ¿Qué prefieres tú? ¿El amor?
Cas. ¡Sí. Porque es mi amor el vino.
Car. 2.o No saDe lo que se dice.
Car. 3.o Está loco el pobrecillo
Cas. Yo no he envidiado en el mundo»
nada más que á los mosquitos.
Car. l.o Entonces tengo una idea.
Hay un arroyo que he visto
aquí cerca.
Car. 2.o Echémosle
en el arroyo.
Car. 3.o ¡Magnífico!
Cas. Eso sí que no.
Cap. l.o ¿No quieres
beber? Pues al río.
— 37 -
€*F-2'0 ) -Al río'
€ar. 3.o \ 'Alno-
(Le cogen para llevarle.)
Cas. ¡Eh! ¡Que me ahogo sin remedio!
¡Ay! ¡bavor! ¡Socorro! ¡Auxilio!
¡El que con niños se acuesta
siempre ha de salir lo mismo! •
(Se lo llevan. Pausa.)
ESCENA III
PRÍNCIPE y TERENCIO. El primero con armas
Ter. Cerca la gruta estl Tu escudo apronta
y ten brazo y acero prevenidos
que el peligro te acecha en la aventura
y es peligro de muerte este peligro.
Debimos aguardar á oirías doce.
Prín, Tú siempre con tus calmas, viejecito.
¿No ves que estoy muriendo de impaciencia
porque Amanda me llame su marido
y porque al ver que soy rey de Farsalia
se den al diablo el duque y su ministro?
(Remedándole.)
¡Ten calma! ¡No seas loco! ¡Vé despacio!
¿Por qué eres tan gruñón? ¡Siempre lo mismo!
Bien se ve que no estás enamorado,
pues prudencia y amor son enemigos.
Ter. Juzga tu corazón si así te place
mas no aventures juicios sobre el mío
que yo sé su secreto, y es secreto
que vivió siempre y morirá conmigo.
¡No te aventures corazón adentro
que en sus misterios puede haber peligros!
Prín. ¿Te has enfadado? (Adulador.)
Ter. (con ternura.) No. Si no me enfado.
¡Acaso sea una prueba de cariño!
Aquella la gruta es. (señalándola.)
Prín. ¡Ah de la gruta!
Ter. ¡Insensato! ¿Qué has hecho? ¡Estás perdido!
No son las doce aún. Velan las brujas,
monstruos y endriagos aun no están dormi-
dos •
-r 38 -
Prín . Por eso voy á hacerles la visita.
Verás cómo quedamos tan amigos.
Ter. ¡Alza el escudo! ¡Déjate de mofas!
¡Prepárate al combate! ¡Vivo! ¡Vivo!
(salen á la entrada de la caverna dos monstruos.)
Prín. ¡A. mi espalda, Terencio! ¡A mí las furias?
¡A mí fantasmas, duendes y vestiglos!
Si vuestro padre el diablo aquí os envía,
que salga él a luchar... ¡Le desafío!
(a Terencio.)
¡Como salga le cojo por los cuernos
y se quedan sin padre los diablillos!
Ter. ¡Juventud! ¡Qué audaz eres y qué hermosa*
¿Qué voluntad no vencerá contigo?
, ¡En guardia!
Prín. (Luchando.) ¡Libre el paso, mamarrachos!
¡A mis pies rodaréis, monstruos malditos!
Dejaos del oficio de porteros
porque es muy despreciable vuestro oficio..
¡Atrásl ¡Yo no me asusto de vosotros!
¡Sólo por la verdad aquí he venido!
Ter. ¡Oh! Noche hermosa que al amor protejes*
Noche callada... Avanza en tu camino.
(Dan las doce Los monstruos huyen.)
¡Las doce! ¡Franco el paso!
Prín . ¡Huid, fantasmas?
¡Terencio! Vamos pronto. ¡Al fin vencimos!:
¡Ya la verdad es nuestra! ¡Entremos! ¡Paso!
(A la gruta.)
¡I Paso alamor!!
(Entra )
TER. (Aparte en éxtasis.)
¡Oh, noche! ¡Me has oído!
(Entra también.)
Mutación á obscuras
39
CUADRO CUARTO
El aquelarre
Una caverna fantástica. En el fondo, un pozo. Luz rojiza y misteriosa
ESCENA PRIMERA
CORO DE BRUJAS con mantos negros, largas narices, cayados, etcé-
tera, galón y evolucionan imitando el volar de los murciélagos
Música
Coro En la noche lóbrega
del terrible sábado,
por las sombras tétricas
lanzóme á volar.
Y entre nubes cárdenas,
cual visión diabólica,
del festín fantástico
corro á disfrutar.
Noches de locura,
noches de tortura,
de alegría impura
sacian nuestro ardor.
No nos causa pánico
ni el placer satánico
ni el furor volcánico
del diablo amador.
¡Volad! ¡Volad!
Las doce son,
comience ya
nuestra ascensión.
Nos espera en Barahona
prevenido el aquelarre
donde brujas y demonios
sus caricias se reparten.
Dandj á la tierra
lluvia de males.
— 40—
Nuestro goce predilecto
es causar tantos dolores
que el infierno se anticipe
en la vida de los hombres.
Tenas amargas
son nuestros goces.
Y después del aquelarre
al volver á esta mansión,
sobre el mundo caerá fuego
como horrible maldición.
(Huyen todas dando un alarido al acabar la música.
Suenan doce campanadas en una campana chinesca.
No confundirlas con las que son para casos de incen-
dio.;
ESCENA II
PRÍNCIPE y TERENCIO
Hablado
Ter. Chifló la corneja y huyeron las brujas.
Satán las espera allá en Barahona
En tanto celebran diabólica orgía
ganemos la gruta.
Prín. No veo ni gota.
Ter. Camina despacio.
Prín. Me rompo la crisma.
Ter. Procura orientarte.
Prín. No atino entre sombras.
¡Cualquiera adivina en donde se oculta
el manantial ese de agua milagrosa!
¿Será fuente ó lago?
Ter. No oigo ruido alguno.
Prín. ¿Correrá en arroyo?
Ter. ¿Brotará en las rocas?
¡Un pozo!
Prín Veamos.
Ter. Sin duda en su fondo
se oculta el misterio que tanto te importa.
Prín. ¿El agua divina que da la hermosura?
Ter. Medita un instante; tal vez te equivocas.
41 —
Prín
Ter.
Prín,
Ter.
Prín.
Ter.
Prín
Ter.
Prín.
No sé.
¿Qué crees, Príncipe, que existe en el
[mundo
más bello, más grande, más noble?...
La honra,
pues basta á empañarlo un ruin pensa-
¿Más firme y eterno? [miento.
¡La verdad, qué hermosa!
¡Esa es la hermosura! Juzgó Caracoco
que era la leyenda fábula enojosa,
pero yo conozco su recto sentido.
Ese es el enigma. La verdad invoca.
No perdamos tiempo.
¿Cómo he de llamarla?
Lisa y llanamente, pues no es orgullosa.
¡Verdad! No me niegues tu amparo y tu au-
[xilio
quien nunca ha mentido quiere verte, diosa.
(Campana chinesca. Aparece la Verdad en el pozo, con
túnica griega, báculo y espejo.)
ESCENA III
DICHOS y la VERDAD
Verdad Heme aquí.
Prín. ¿Eres la Verdad?
Siempre desnuda te pintan.
Verdad Esa es la Verdad grosera.
Yo soy la Verdad artística.
Prín. Y la moral.
Verdad No me importa,
que yo soy siempre yo misma.
Si hay verdades inmorales
más inmoral es mentirlas.
No te molestes en vano
refiriéndome tu cuita.
Tendrás el agua que buscas,
mas piensa lo que peligra
el que la use, porque es fuerza
que siempre la verdad diga
ó ella le saldrá á la cara
desmintiendo sus mentiras.
— 42 —
Ter.
Un momento... Más me importa
una verdad que mi vida.
¿Es verdadero el amor
del Príncipe á Amanda?
Prín.
¡Estriba
mi felicidad en ella!
(Fausa.)
Ter.
(A la Verdad.) ¿Callas?
Verdad
¿Qué quieres que diga?
Ter.
¿Amanda le ama á él?
Verdad
¿No se ama
siempre la ilusión que agita
por primera vez el alma
trocando en mujer la niña?
Ter.
Basta... Ya sé mi deber.
Verdad
Cúmplelo y en mí confía.
No hay desengaño al que pronto
una esperanza no siga,
porque no hay día sin noche
ni pena sin alegría.
(Se cierra el templete y vuelve á quedar el
pozo.)
ESCENA IV
PRÍNCIPE y TERENCIO
Prín .
Espera. Se fué sin darme
el agua. ¡Qué olvidadizal
Ter.
Hay que llamarla de nuevo.
Voz
(De Casiano en el fondo del pozo.)
¡Socorrol ¡Favor!
Prín.
¿Quién grita
tan lastimero?
Ter.
En el pozo.
Voz
¡Socorro!
Ter.
(ai brocal.) ¿Quién es la víctima? 1
Cas.
(Dentro.)
Un aficionado al vino
que lucha con su enemiga.
Prín.
¿Esa voz? ¡Espera!
Tjh^
¡Aguardal
(Van los dos al pozo. Tiran de la cuerda
Casiano.)
y sacan á
— 43
VOZ (De Casiano al salir.)
Quien quier que sea el que tira,
como me saque del pozo
yo le perdono la vida.
Ter. ¡Arriba sea quien sea!
ESCENA V
DICHOS y CASIANO del pozo, con dos enormes calabazas atada*
á la cintura
Prín. [Casiano!
Cas. Sin «casi», mira.
Estoy entero, amo mío.
Prín. ¿Qué ha sido de ti?
Cas. La envidia
de tu triunfo me hizo huir...
para llevar la noticia
más pronto... Pero al camino
salió la chiquillería
del gigante... ¡Y allí fué ella!
Vengarse de mí querían.
Pegan... Muerden... Trinchan... rajan.
Chillo... Rujo... Imploro... ¡Migas!
¡Me echaron al río! ¡Infames!
¡Como si fuese una anguila!
Prín. ¿Y esas calabazas?
Cas. ¡Toma!
¿Soy yo tonto? Descubrilas
en la orilla, donde acaso
se las dejó algún bañista
y aprovechando el descuido,
ye me apresuré á ceñírmelas.
Así floté... río abajo
hasta que cuando creía
que mi viaje era hacia el mar
se hundió el agua en una mina
obscura como un demonio,
y de allí á una galería,
luego á un pozo, y en el pozo
es donde encontré cabida
y habitación, algo incómoda,
algo húmeda y algo fría.
— 44 —
Pero á flote. .. Siempre á flote.
¡Gracias... calabazas mías!
Prín. Están llenas de agua.
Cas. ¿Más
agua aún? Por Santa Rita
de Casia.... Sin duda aquí
le tienen al vino tirria.
TeR. (Alargándole una calabaza.)
Bebe un trago.
Cas. ¿De agua? ¡Cá!
Ter. (imperioso.)
¡Bebe!
Cas. Es que me está prohibida
por receta del doctcr.
TER. ' ¡Bebe Ó vive Dios!... (Amenazándole.)
Cas. ¡Me chinchan!
(Bebe.)
Ter. ¡Di una verdad!
Cas. ¡Soy un mandria!
¡Caramba! ¡Qué agua tan rica!
¡Si sabe á un tiempo á Jerez,
Cariñena y Manzanilla!
Ter. Bebe otra vez.
Cas. Ya lo creo.
(Bebe.)
Ter. ¡Basta! Ahora di una mentira.
Cas. Soy... un valiente. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
¡Ay qué dolor de barriga!
Prín. ¡El agua de la verdad!
Cas. Pues es un agua amarguísima.
Ter. Vengan esas calabazas.
Está la prueba obtenida.
Yo las llevaré al castillo.
Prín. Y tú y yo... al sol.
Cas. ¿Imaginas
que se trata de un paseo?
No sé qué camino sigas.
¡Mira que no hay carretera!
¡Mira que está cuesta arriba!
Prín. ¿Vas á asustarte por eso?
¡Calla, cobarde! ¡Gallina!
¿Tienes miedo?
Cas. Pues es claro.
Y no lo confesaría,
— 45.—
pero aunque fui un embustero
ahora odio ya la mentira
y digo siempre verdad
aunque el decirla fastidia.
Prín. ¿Cómo escalaría el sol?
Cas. jLa cosa es dificililla!
Ter. Sentémonos á pensar
Un medio.. . (Se sientan sobre unas rocas.)
Cas. Me dormiría
de buena gana.
Ter. ¡Sil ¡Eso es!
¡Dormid! ¡Soñad! Tú, divina
aurora, que entre arreboles
en el cielo pura brillas,
muestra el camino del sol
á quien sueña su conquista.
Los luceros acompañen
á quienes de estrellas fían.
¡Venus y Marte protejan
empresa tan atrevidal
(Hace mutis. Se levanta el telón de foro y aparece una>
decoración de nubes obscuras que acTaran poco á poco
(gasas) hasta marcar la aurora, y aparece ésta (una-
nina) entre focos rojos y estrellas con trajes de serpen~
tina blancos.)
Bailable
ESTRELLAS
Las serpentinas avanzan á la escena. Queda el teatro á obscuras,
iluminándose la escena con tres focos de luz desde el frente y late-
rales. Estos tres focos tendrán cristales verdes, rojos, azules, amari-
llos, que reflejándose en los trajes de las serpentinas y en los talcos
de la decoración, producen fantástico efecto. Primero los tres focos
igual color y después cada uno un color, variando rápidamente-.
MUTACIÓN
— .. 46 —
CUADRO QUINTO
El camino del Sol
Al final del bailable se levantan por completo las gasas del foro y
se ve el forillo «camino del Sol», fantástica escalinata iluminada fuer-
temente con figuras de mujeres con ánforas de rosas y vestidas de
griegas, todo cubierto por un velo clarísimo, bordado de lentejuelas.
-•* Cuadro plástico».— Telón.
FIN DEL ACTO PRIMERO
~»V d*-**t
*.
ACTO SEGUNDO
CUADRO SEXTO
Febo XX... y pico
En el Sol. Bosque fantástico de enormes girasoles de tonos rojizos
con cambiantes de color. Al foro, nubes y un intensísimo resplan»
dor. En último término practicable, cubierto por girasoles. El res-
plandor del foro al aparecer Febo.
ESCENA PRIMERA
PRÍNCIPE, CASIANO é INCANDESCENTES 1.a, 2.a y g.a
Los dos primetos tendidos en unos cojines en el suelo, duermen.
Ellas les abanican, avanzando á la batería para cantar el número
Música
InC. (Con fantásticos abanicos.)
Nos llamamos las Incandescentes,
y somos todas fuego, luz y amor,
y aunque somos muchachas decentes
sentimos la influencia del calor.
¡Ay, por Dios, dame tú aire, abanico!...
jAy, qué fresco tan suave y tan ricoL.
Mitiga sin cesar
mi ardiente sed de amar.
Pues tu aire bienhechor
calma mis anhelos y adormece la ilusión.
— 48 —
Cada vez que algún hombre nos mira
sentimos en el alma loco afán,
como un fuego que amor nos inspira
y estalla con la fuerza de un volcán.
Y si á un hombre de cerca yo miro
de mi pecho se escapa un suspiro.
¡Ay! No me mire usté
que me derretiré,
pues siento tal pasión
que me da saltitos en el pecho el corazón.
ESCENA II
DICHOS y DOCTOR RADIUM
Hablado
Doc. ¡Hijas del sol! La tieria está habitada.
La prueba es terminante.
Ahí de la especie de animal terrestre
tenéis dos ejemplares. (Por Casiano y Príncipe.)
Inc. 1.a ¡Ay! ¿Por qué la edición será tan corta?
Inc. 2.a ¡Son tan interesantes!
Doc. ¡Incandescentes! Mucho cuidadito
que pueden enterarse.
Inc. 1.a ¡Ya respiran!
Doc. Fué fácil á mi ciencia
de fluido rodearles,
que atemperando nuestra atmósfera ígnea
la hiciese respirable.
Inc. 1.a Ya ha abierto el mejor mozo el ojo izquierdo.
DOC. (8olemne.)
Señal inapelable
de que abrirá el derecho si no es tuerto.
Niñas... á refrescarles.
No vayan á morir achicharrados.
Dadles aire... mucho aire.
Prín. ¡Qué calor tan horrible! (Despertando.)
Cas . ¿En qué horno estamos?
Doc. ¡Es un caso notable!
Las tres ¿Cuál?
Doc. Hablan nuestro idioma.
Inc. 1.a ¡Sí, el idioma
del Sol!
49
Cas.
¡Dios nos ampare!
Prín.
¿Estamos en el Sol?
Cas.
Así parece,
señor.
PrIn.
¿Pero qué trajes
usan estas señoras?
Cas.
No te fijes,
que eso es cosa de sastres.
Lo que has de reparar es en sus rostros
y en sus cuerpos juncales
y en las complicaciones geométricas
de salientes y entrantes.
¡Caramba, si sabían hacer curvas
vuestros señores padres!
Mira... Mira qué bien se ciñe el brazo
alrededor del talle. (Abraza á una y se quema.)
¡A^ :
Prín.
¿Qué?
Cas.
Prín.
¡Que me he quemado!
Ten prudencia.
Cas.
Preferiría guantes.
Doc.
El Sol es muy ardiente.
Cas.
No le envidio.
¡Estoy achicharrándome!
Prín.
Doc.
¿Quién sois?
El Doctor Radium, primer médico
de nuestro Rey y Padre
Febo XX... y un pico. A prevenirle
voy... Ya veréis qué amable, "
Febo es un partidario decidido
de las curiosidades.
Cas.
Yo también soy curioso. Haremos migas.
Doc.
Es muy fino y galante.
'r
(A las Incandescentes.)
Hacedles compañía mientras vuelvo
•%
y ¡ay la que se desmande!
(Al público )
Como estas niñas son incandescentes
N
no puede uno fiarse. (Mutis.)
— 60 —
ESCENA III
DICHOS menos RADIUM
Inc. 1.a Ahora que nos deja solas,
decid, terrestres, ¿qué efecto
os producimos?
PbÍn. Hermoso,
pues sois bellas en extremo.
Cas. En extremo, en centro y en...
circunferencia y en...
Prín. ¡Necio!
¿Vas á ofenderlas?
Inc. 2.a No tal,
aquí no nos ofendemos
nunca.
CAS . (Al Príncipe.)
Son de buena pasta.
Inc. 1.a Como nuestro padre Febo.
Prín. En la tierra al Sol amamos
por bienhechor.
Inc. 1.a Lo es, y siendo
nosotras rus hijas... pide
favores.
Inc. 2.a Pide sin miedo.
Inc. 3.a ¡Pide!
Prín. ¡No tengo costumbre...
CAS. (Aparte.)
¡Estas nos toman por méndigos!
Prín. ¡Casiano; si no quemasenl
Cas, Pero queman.
Prín. Son de fuego.
Ardo solo con mirarlas.
Cas. Amo, no seas infielo,
¿qué dirá Amanda de ti
y que hará el bufón Terencio?
Prín, Gruñir como de costumbre
y decirme: «Anda con tiento».
Cas, Pues si lo haces en plural
no va á quedar satisfecho.
Inc. 1.a ¿En la tierra tenéis Rey?
61 —
Cas.
Muchos tutes.
Prín.
Pero hablemos
del Sol.
-
Inc. 1.a
¡Nuestro Rey augusto!
Inc. 2 a
¡Divino monarca excelso!
Cas.
¿Y cómo está de familia?
¿Grava mucho el presupuesto?
Inc. 1.a
La Luna... Reina consorte
que se lleva mal con Febo.
Inc. 2 a
Tanto que están separados (interrumpién
de discos, bienes y cuerpos.
dolé.)
Inc. 3.a
Cuando uno va el otro viene. (ídem.)
Cas.
¡Ni en el Sol hay nada nuevo!
Inc. 1.a
¿Y vosotros, como estáis?
Inc. 2.a
¿Frescos ya?
Cas.
¡Mucho! ¡Tan frescos!
Inc. 3.a
¿Nos habéis mirado bien?
Inc. 1.a
¿Hay allá en la tierra cuerpos
con tanta luz, tanto ardor
y tanta gracia como estos?
€as.
¡Se te va á morir la abuela
si la quitas el empleo!
Inc. 2.a
(Al Príncipe.)
Tú á mí me gustas muchísimo.
Inc. 3.a
A mí no me gustas menos.
Prín.
(Aparte á Casiano.)
Casiano, que no resisto.
Cas.
(Aparte.)
Yo tampoco.
Prín.
(ídem.) Me mareo.
Cas.
(A las otras.)
¿No conocéis la vergüenza?
Inc. 1.a
No, mortal. Dinos, ¿qué es eso?
Cas.
Pues es... Díselo tú, Príncipe.
Prín .
¡Yo qué he de decir! ¡No quierol
Cas.
Pues veréis, es una cosa
que... vamos... que yo no tengo.
Inc. 1.a
¿No visteis cómo reluce?
(Por el Príncipe, rodeándole.)
Inc. 2.a
¡Mirad qué hermosol
Inc. 3.a
¡Qué bello!
Ino. 1.a
¡Monío!
Inc. 2a
¡Rico!
Cas.
¿Y la moral?
— 62 —
Prín. ¡Ay, Casiano! Está muy lejos.
Cas. ¿Sabes, amo, que en el ¡Sol,
por lo que voy deduciendo,
no es el Sol quien más calienta?
¡Niñas! ¡Niñas! Os advierto
que tiene el corazón dado
á otra mujer.
Inc. 1.» La detesto.
INC. 2.a (Suspirando.)
¡Ay, qué pena!
Inc. 3.a ¡Ay, qué dolor!
PrÍN. (Consolándolas.)
No lo toméis tan á pecho.
Cas. ¡Claro! Yo estoy libre en cambio
y me ofrezco todo entero.
Inc. 1.a Sí, pero tú eres muy raro.
Inc. 2 a Muy ridículo.
Inc. 3.a ¡Muy feo!
INC. 1.a (Suspirando.)
Y él en cambio... ¡ay!
Inc. 2.a (ídem.) ¡Ay!
Inc. 3.a (ídem.) ¡Ay!
Prín. (ídem.) ¡¡Ay!!
Casiano, aparta un momento.
VOZ (Dentro.)
¡Viva Febo XX... y pico!
Voces ¡¡Viva!!
Inc. 1.a Viene el rey. ¡Silencio!
ESCENA IV
DICHOS, FEBO XX... Y PICO, ccn traje fantástico y lujoso, en un»
palanquín del que desciende en el centro de la escena, y seguido de
la AURORA (niña), el LUCERO DEL ALBA (su paje), el OCASO,
el GRAN MERIDIANO, el DOCTOR RADIUM y SOLDADOS DEL SOL.
(mujeres)
Música
(Cuando han llegado al centro de la escena le presenta.
Radium á Casiano y al Príncipe.)
— 63
Hablado
Doc. Esos son, gran señor, los extranjeros
que prueban de mi ciencia lo infalible.
Febo Terrestres... Acercaos.
(Se acercan andando de espaldas.)
OCASO (Murmurando.) Es posible
que sean dos bellacos... dos fulleros.
Prín/ Divino Febo... Ante tu luz rendido
saludo al astro, padre de los soles.
Febo ¿Me adoran por allá?
PftfN . Tus arreboles
son el bien, en la tierra, más querido.
Febo Aunque yo soy modesto... Lo confieso,
[ ser amado de todos me envanece,
pues para todos luzco, y aún parece
que á todos place mi dorado beso.
Ni celos ni pesares me quebrantan;
, valgo más que mi esposa, por fortuna,
y así... los perros ladran a la Luna,
y cuando salgo yo las aves cantan.
Pinto las flores al nacer el día
y mientras que la Luna, mi señora,
es poética, y triste, y soñadora,
yo llevo á todas partes la alegría.
Soy un rey democrático... No hay quejas
respecto á privilegios y acomodos,
pues por igual sacudo sobre todos
el polvillo de luz de mis guedejas.
España es el país que yo prefiero.
¡Qué amigos míos son los espoñolesl
La política abunda en girasoles
y es pueblo enamorado, audaz, torero. :,
Como me adoran tanto, me doy traza
siempre que se celebra gran corrida
para hacerla animada y divertida
asomándome espléndido á la plaza.
Sé que en mí fían goces y placeres,
y por no ser ingrato á sus favores
puse mis más radiantes resplandores
en los ojos sin par de sus mujeres.
No es para mí esa tierra, tierra extraña;
tiene mi luz, mi genio, mi alegría.
— 64 —
Creo que me engendré en Andalucía...
pero es seguro que nací en España.
Esa nación heroica y guerrera
que vi feliz y desdichada adoro
porque con mis colores rojo y oro,
los colores formó de su bandera.
Cas. ¡Híspete, pavo! ¡Dale al pebetero!
Prín. Casiano.
Mer. ¿Al Sol te atreves?
Ocaso ¡Qué cinismo!
Cas. Un lacayo, de espaldas; al Sol mismo
le dice las verdades del barquero.
Hablas de ti y te esponjas y te ensanchas,,
y reventaras como fueses mudo.
Pero tienes defectos... ¡Melenudo!
A mí no me la pegas. ¡Tienes manchas!
Febo ¿Qué dice?
Mer. ¡Irreverente!
Cas. Ten paciencia
y oye. Son tus favores pura guasa.
En verano tu fuego nos abrasa
y en el invierno brillas por tu ausencia.
Por último; no cabe duda alguna
de que eres calavera y mal marido,
con tan poca aprensión ó^ue no hay nacida
que no vea los cuernos de la Luna.
Mer. Señor... Dicta el castigo á ese tunante.
Hay que abrasarle vivol
Prín. ¿Oyes, Casiano?
Cas. ¿Quién dijo eso?
Mer. Yo f uí. El gran Meridiano.
Cas. ¡Pues eres un zoquete, consonante!
Ocaso ¡A un ministro!
Cas. ¿Es verdad? Pues no la callo.
¡Al Lucero del Alba se la digol
LUC. (Con tono lastimero.)
¿Qué te hice yo para que así conmigo
la tomes de repente? I
Cas. ¿Alzas el gallo
tú también? Pues también he de decirte
que prefiero dormirte que admirarte.
Dan los poetas chirles en cantarte,
pero somos los más á maldecirte.
Despertador de laboriosos eres,
— 55 —
Ocaso
Cas.
Prín.
Cas.
Prín
Mer.
Ocaso
Pebo
Febo
Prín.
Mer.
Febo
Cas.
Ocaso
Cas.
aumentando del pobre la amargura,
y en las noches de orgía y de locura,
eres punto final de los placeres.
Eso es verdad, lucero...
I Y tú, vejete,
eres lioso, cobardón, tercero!
¿No callarás al fin?
¡Yo soy sincero!
Si mi sinceridad nos compromete
en mi defensa ven y denodada
tu espada á esos malsines acuchille.
¡Sólo empleada en que la verdad brille
tiene razón para lucir la espada!
Señor... De un botarate los errores
perdona generoso. Tu grandeza
sea tal y tan perfecta tu nobleza
que pagues los insultos con favores,
¡No! ¡Castigo al villano!
¡A rajatabla!
¡Silencio! Tú, cortés, sabes rendirme.
¿Tienes favor alguno que pedirme?
Uno en que va mi dicha.
Entonces... Habla,
Rey Sol... Yo adoro á una dama
de la que soy caballero;
para alcanzarla, tres pruebas
sus tiranos me impusieron.
Una es que lleve tres rayos.
¿Tres rayos?
Tres rayos vuestros.
¡Imposible!
Has de saber
que mis rayos son cabellos.
¿Y qué? ¿Vas á ser tacaño
por pelillo más ó menos?
A la postre has de ser calvo
en cuanto llegues á viejo.
¡Escudero malandrín!
¡A ver si callas, abuelo!
(Al Principe.)
¿Quieres que se los arranque
de un tirón? Verás... Me vuelvo.
¡No! Siendo para una dama
rey galante, yo no temo
— 56 —
vuestra insistencia en negarlos,
que al fin sois Sol y sois Febo.
Cas. ¡Y. me ahorras los tres tirones!
Prín. ¡Cállate, imbécil!
Cas. ¡De acuerdo!
Pei*o en caso, señor Sol,
de que escaseasis de pelo,
!yo os compraré una peluca
que os dejará como nuevo.
Conque, favor por favor.
. ¡Yo cumplo lo que prometo!
Febo A ruego de enamorado
ni sé resistir, ni quiero;
sólo tiemblo por mis rayog,
pues si su rostro es tan bello,
perderán luz al mirarse
.1 al lado de sus cabellos.
¡Tómalos! (Se los arranca.)
Prín. -< :■'." ¡Gracias, gran Rey!
,/ Manda. ¡Desde hoy soy tu siervo!
Febo Como única condición,
mejor dicho, como ruego,
..*..'. te pido que si refieres
la aventura, caballero,
digas que sé hombre galante
mostrarme en lo alto del cielo,
que es donde el amor merece
encontrar su justo premio.
Prín . Tu fama he de pregonar
lleno de agradecimiento.
Cas. Pues no digo nada yo.
Fui de chico pregonero...
Prín. Ahora.,, á la tierra.
Cas, ¿Por dónde?
Prín. Por el camino más recto.
Cas. Tirándonos de cabeza
vamos á llegar deshechos.
Mer. Señor... La Luna se acerca.
Febo ¿La Luna?; ¿Con qué pretexto?
Mer. Es la fiesta del eclipse.
Febo Es verdad. No hay más remedio
que fingir de tarde en tarde
que estamos los dos de acuerdo.
(8ube al practicable del foro.)
— -67 —
Cas. ¿Se va á quedar esto á obscuras?
Prín. ¿Téalegras?
Cas* ¡Pues ya lo creo!
Porque las... las...
Prín . ¡Pero queman!
Cas. Es verdad. ¡Cuánto lo siento!
FEBO (Mirando hacia el sitio por donde sale la Luna.)
Avanza, bella esposa, y en tu abrazo
dame tu poesía y tu misterio.
El mundo quede en sombras un instante
para que nadie advierta nuestro beso.
Ven, esposa querida; llega, llega.
(Aparte.)
¡Si supiera la rabia que la tengo!
Mer. ¡Surja el eclipse!
Música
(Pianísimo en la orquesta. La misma con que se
acompaña la escena del Principe y Amanda en el
cuadro segundo.)
ESCENA V
DICHOS, CORTE DE ESTRELLAS que salen por un lateral y la
LUNA que lo verifica por el practicable del foro, de pie en una
gran luna que avanza lentamente sobre un carrito. Febo ha subido
al practicable y cuando llega la Luna la ayuda á descender y la abra-
za con la frase que se indica. Durante el efecto se va amortiguando
la luz de la escena hasta dejarla casi á oscuras, enfocando desde en-
frente luces de varios colores. Al final queda solo el resplandor por
transparencia del íoro y el foco de colores y á la frase final del cua-
dro solo esté un instante y en seguida el obscuro para la mutación
Recitado
Luna Fuerzas superiores
á tus brazos, esposo, me trajeron.
CAS. (Al Príucipe.)
¡Amo! Esta es la ocasión para largarnos.
Prín. ¿Sin despedirnos?
Cas. Somos indiscretos.
¿No ves que va á arrullarse el matrimonio?
— 58 —
Prín Es verdad,
Mer, j Quede en sombra el universo!
(Foco de luz que ilumina él abrazo de Febo y la Luna.)
MUTACIÓN
CUADRO SÉPTIMO
El alma de un bufón
Cae un telón corto. Jardín en el palacio del Gran Duque de Farsalia
ESCENA PRIMERA
GRAN DUQUE, CARACOCO. Luego TERENCIO, con espada de ma-
dera al cinto
Duque ¿De modo que no hay noticias
del Príncipe, Caracoco?
Carao Las primeras que tengamos
serán de un fin desastroso.
Gran señor. ¡Hemos vencido!
TeR. (Que sale contoneándose cómicamente )
Aún me parece muy pronto.
as£ [ ^
Ter. Para que la Princesa
salga.
Duque ¡Ahí Creí... (Aparte & caracoco.) Este loco
me trae desasosegado
con sus salidas de tono. (Mutis.)
ESCENA II
TERENCIO, CARACOCO
Ter. ¿Estaréis bien convencidos
de que no vuelve?
Carac. Y tan cierto.
¿Cómo ha de volver si ha muerto?
— 59 —
Ter.
jQue Dios le haya recibido
en su gloria!
Carac.
Amén.
Ter,
Os deja
el campo libre.
Carac
Es muy justo.
Yo doy al Gran Duque gusto.
Reinará.
Ter.
No tendréis queja,
pues os paga í-u privanza
con creces vuestros favores.
Carac
No me importan los honores.
Ter.
Ni el honor.
Carac.
Busco venganza.
Ter.
¿Vos? ¿De quién?
Carac,
De esa mujer
que ha despreciado mi amor.
Ter.
(Cuya ironía va siendo cada vez mas mordaz y pun
zante.)
¿Y os paga con su dolor?
Carac.
Su dolor es mi placer.
Ter.
¿Conque á la Princesa osáis
alzar los ojos?
Carac.
Mi vida
por su desdén destruida,
es odio.
Ter.
(Amenazador.) Ved lo que habláis.
Porque siento al escucharos
bajar mi mano crispada
á la guarda de mi espada
con el ansia de mataros.
Y ahora no debéis morir.
Carac.
¡Bufón! (Amenazador.)
Ter.
(con firmeza) En serlo me fundo.
¿Si vos no estáis en el mundo
con quién hago yo reir?
Carac.
¡Miserable!
Ter.
(Como continuando.) Es quien buSCÓ
en el odio la victoria.
¡Para merecer la gloria
hay que luchar!... ¡Como yo!
Carac.
¿Como tú?
Ter.
Conmigo mismo.
También la amo... y me vencí.
— 60 —
€arac.
Ter.
Carac
"Ter.
Carac.
Ter.
C!arac.
Ter.
Carac .
Ter.
Es que media de ti á mí
lo que de amor á egoísmo.
Alzar la frente sereno
puede ante el ministro, el loco.
Tú, por ser malo, eres poco,
yo soy mucho, por ser bueno.
Tu conciencia de bribón
ruge con secreto afán.
¡Ve qué tranquilos están
mi rostro y mi corazón!
¿La amas tú?
En mi alma escondida
la pasión, callar procura.
Tú no entiendes mi locura.
¡Tiines el alma dormida!
¡Calla, bufón!
De ofenderte
trato.
Calla ó ¡vive el cielo!...
¿Duelo quieres? Habrá duelo.
Pero el nuestro será á muerte.
¡Un combate! ¡Bueno fuera!
Haces de tu humor alarde.
¡Saca tu espada... cobarde! (saca la suya.)
Si la tuya es de madera.
Es verdad... ¡Soy un bufón! (Dolido.)
(Brioso.)
¡Mas no importa! ¡A combatirl
Tú el acero para herir
yo mi ingenio en la alusión.
Afina las estocadas
pues nos jugamos las vidas
y las más hondas heridas
las hacen las carcajadas.
ESCENA III
DICHOS, GRAN DUQUE
Duque Oí gritos... ¡Pero calla!
Es Terencio... El sabio loco
que finge con Caracoco
la farsa de una batalla.
- 61 —
Ter.
Carac.
Duque
Carac.
Duque
Carac.
Duque
Carac.
Acertado habéis, señor.
A Caracoco decía,
que solo su cobardía
es mayor que mi valor.
¿Ya veis que me insulta?
Sí.
¿Y no le castigáis?
No.
Aquí para loco entró
y yo su broma reí.
Mirad. Mirad qué apostura
tan gallarda y tan briosa.
(Por Terencio, muy irónico.)
¡Pardiez, si resulta airosa
combatiendo esa figura!
¡Con la joroba sentir
por la Princesita amor!
¿Eh? ¿Qué? (Alarmado.)
Escuchad, gran señor
un cuento que hace reir.
(Llevándosele del brazo. Mutis.)
ESCENA IV
terencio
Ese es mi oficio... divertir
y son las risas mis laureles.
Hasta llorando hago reir
pues mi sollozo hace latir
los cascabeles.
Era un misterio mi dolor.
¿Por qué habré amado á una mujer?
¿Si soy un hijo del amor
por qué de amar me huye el placer?
¿Por qué, señor?
¿Será que acaso fué mi vida
fruto de alegre carcajada
y de una lágrima vertida
por una pobre seducida
y abandonada?
¿Será la risa mi pasión?
— 62 —
¿Será esta risa amarga hiél
que tiene alguna maldición?
¿Será mi pobre corazón
un cascabel?
Música
Del fondo de mi alma
las lagrimas ardientes
en risas estridentes
estallan al salir
y el mundo no repara
creyendo en mi locura
que el alma me tortura
la pena de reir.
Ríe, bufón— no sueñes el amor.
Al Príncipe el laurel
la gloria para él y para ti el dolor
siempre fiel
amante hasta morir
de mi dolor cruel
yo me sabré reir.
La risa es una mueca
que imita á la amargura,
la risa que es locura
se mofa del placer
y ríe el que temblando
perdón sumiso implora
y ríe aquel que adora
y oculta su querer.
Ríe, bufón — tu risa es un cantar,
tu risa es un amor que no sabe llorar
y ríe del dolor.
Ríe, bufón — tu risa no es cruel
porque es tu corazón un loco cascabel.
{Hace mutis riendo á carcajadas.)
MUTACIÓN
— 68 —
CUADRO OCTAVO
El agua de la verdad
Interior del castillo.— Camerino de Amanda
ESCENA PRIMERA
AMANDA y el GRAN DUQUE
Hablado
Duque ¡Quién había de decirlo!...
El pobre Príncipe... Muerto.
Y van cuatro... Ya ninguno
se atreverá...
Aman. En un convento
quiero terminar mis días,
sola con mi desconsuelo.
Basta ya de sacrificios.
Duque Tu resolución apruebo.
El gobierno del Estado
es pesadísimo... pero
te amo tanto, que por ti
seguiré aguantando el peso.
Aman. Que se haga pública hoy mismo
mi abdicación.
Duque Al momento.
Corro á ordenar. (Aparte.) Caracoco
me salvó. Soy rey perpetuo.
(Mutis. Amanda queda llorando en un sillón.)
ESCENA II
AMANDA y TERENCIO
xER. (Se acerca al sillón; al verla llorar, expresa su amar-
gura.)
¿Lloras, Princesa? No llores,
ni tiemble en quejas tu voz,
— «* —
porque á divertirte viene
con sus cuentos el bufón.,
Aman. Ya ves que encuentran la muerte
cuantos locos de valor
al aspirar á mi mano
parecen tentar á Dios.
De penas y de amarguras , i
mi vida ya se llenó,
no intentes darme alegría
que hermana soy del dolor.
Haz reir á los felices,
déjame llorar, bufón.
TER. (Muy tierno y delicado.)
No llores, Princesa. Princesa... no llores,
que sólo de verte se secan las flores;
no canta sus trinos el pobre jilguero,, ;, G
ni corre el arroyo, ni danza la brisa.
Pues pájaro, brisa y arroyo parlero,
flor, cielo y aurora,
pendientes esperan á que una sonrisa
asome á tus labios divinos, señora.
Desecha tus penas y ten confianza
y mira que acaso te trae la esperanza
corona de besos, corona de amores. ! ••
No llores, Princesa. Princesa... no llores.
A veces el llanto nos da su amargura,
y á veces, heraldo de luz y alegría,
anuncia á los tristes que al fin la ventura
se acerca. No llores. La vida daría >
por verte dichosa. Esa es mi locura.
¡Locura de viejos y de trovadores!
No llores, Princesa. Princesa... no llores.
(Durante la estrofa que sigue, Terencio se asoma al
ventanal del foro y se supone que veylo que dice, de-
clamando la estrofa con gran alegría.)
Tu Príncipe acaso triunfante retorna;
laurel victorioso sus sienes adorna.
Acaso en ganarte luchando se empeña.
Acaso dormido tus rasgos ensueña.
(Asomándose. Breve pausa.)
Tal vez aquí viene; hermoso, invencible,
brillando los rayos del sol en su espada,
bailando en el viento su pluma; rizada
que escala las nubes tras del imposible.
— 66 —
Cabalga en su potro gallardo y ligero
alzando en su trote torrentes de arena.
Ya pisa el rastrillo. Con brío refrena,
y entrega sus armas al palafrenero.
Le arrojan las gentes palomas y flores.
Los gritos de triunfo resuenan vibrantes.
Y llega... Y te abraza... ¡Por unos instantes
fundís en un beso anhelos y amores!
¡¡No llores, Princesa!!... ¡¡Princesa... no llores!!
ÁMANt (Con explosión de gran alegría.)
¡Qué sueño tan hermoso
describiste, Terencio!
¡Lástima que tu historia
sea tan solo un sueño!
Tir Sigue soñando, Amanda,
que para los dolores,
son los mejores físicos
juglares y bufones.
Sigue soñando, Amanda.
Am\n. Ya desperté, Terencio.
¡Lástima que tu historia
sea tan solo un sueño!
(Terencio contempla un momento á Amanda que llora;
después, conteniendo su dolor, va á hacer mutis mirán-
dola siempre extasiado.)
Ter. ¡Adiós!
Aman. ¡Amigo mío!
Ter. ¡Adiós!
Aman. ¿Te vas?
Ter. No puedo
secar esas tus lágrimas
que ruedan hasta el suelo.
¿Qué bufón soy, Amanda?
¿De qué vale mi ingenio
si no logro tus risas
que son mi mejor premio?
No pidas que me quede
puesto que no te alegro,
bufón que no divierte
porque es bufón ya viejo,
ni quita los pesares,
ni amengua sufrimientos.
Bufón enamorado
que solo sueña besos
5
— 66 —
y no sabe de risas
mas que llorar por dentro,
no es un bufón, no sirve,
¡debe dejar su puesto!
(Hace mutis contemplándola desconsolado y dominan-
do su inmenso dolor.)
ESCENA III
AMANDA; luego el PRÍNCIPE
Música
Aman. ¡Amor que mis ensueños acariciaban
como firme esperanza de dicha eterna,
fuiste unión de dos almas que se besaban
y ahora en un desengaño trocado quedas.
¡Corred, lágrimas mías, salid del alma!
Ya no volverá nunca el caballero,
y la negra amargura del desengaño
rompió el divino encanto de aquel ensueño.
PRÍN . (Dentro.)
¡Saludl ¡Princesa hermosa!
¡Salud! ¡Reina de amor!
Aman. ¿Qué escucho? ¿Estoy soñando?
¡Dios mío! ¡Esa es su voz!
Prín . El destino me dio fuerzas
é invencible hizo mi espada,
y por ti de la victoria
he ganado ya el laurel.
Aman. Ilusión por tanto tiempo
en rui pecho acariciada,
seca tú mi amargo llanto,
vuelve á mí, pues ya vuelve él.
PhÍN . (Entrando y abrazándola )
Completa victoria — logré en la aventura,
afán de ganarte — mi espada guió.
Princesa, si quieres — pagar mi locura,
enciende en tu pecho — la llama de amor.
Aman. El cielo de mis súplicas
tuvo piedad.
Prín. En amor vence siempre
la voluntad.
— 67 —
Aman. Amor es de las almas una oración.
Prín. La vida nada vale sin ilusión.
Los DOS
Completa victoria,
etc., etc.
ESCENA IV
DICHOS. CASIANO, GRAN DUQUE y CARACOCO
Hablado
Cas.
Carac.
Cas.
Carac.
Cas.
Prín,
Cas
Prín
Cas
¡Que es cierto que hemos vencido!
¡Que ahora mismo hemos llegado
del solí
¿Pero cómo?
¿Cómo?
Pues... natural... cuesta abajo.
¡Mientes!
¡Mientes tú! ¡Y te advierto
que estás muy mal educado!
¡Mientes, no se dice á secas!
¡Sí que vencimos.
Mi amo,
saca para confundirlos
de tu escarcela los rayos.
Mira que contra ti andaban
el pueblo soliviantando.
Mira que son dos granujas,
aunque vayan disfrazados,
que hay mucha gente que vive
en carnaval todo el año.
Mira que quieren birlarte
trono y novia.
De Casiano
yo sostengo la palabra
con mi espada.
Y con un palo
la sostengo yo. ¡Que conste
que ya no me asustan guapos,
pues soy más guapo que todos
68
desde que el agua be probado
de la hermosura.
Carac.
¿Tú?
Cas
Yo.
Carac.
¿Bebiste ese agua?
Cas.
Dos tragos.
Carac.
¿Veis como todo es mentira?
¿Veis como todo es engaño?
¡Sigue tan feo como antes!
Cas.
¡A este tío le rompo algo!
Carac.
Es horrible.
Duque
Es espantoso.
Carac.
Repugnante.
Duque
¡Un mamarracho!
Prín.
|Eh! Poco á poco, señores;
tenéis los ojos turbados.
¿Qué sabéis de la belleza
interior que yo me gasto?
¡Hay que mirar bien los forros,
porque se dan muchos casos
de parecerle á uno carne
lo que por dentro es pescado!
Duque
No paso por esa farsa.
Carac.
Es evidente el engaño.
Prín.
Las pruebas están cumplidas.
Aman.
Y yo os otorgo mi mano.
ESCENA IV
DICHOS, TERENCIO, GUARDIAS y NOBLES
Ter.
¡Viva el Príncipe Sin-Miedo!
Ha ganado á la Princesa
conquistando de Farsalia
el trono.
Todos
¡Viva la reina!
¡Viva el rey!
Duque
¡Silencio! Todo
es fábula.
Prín.
¿Y la cabeza
de Caracú liambro?
Duque
¡Sí!
69
Todos
Carac.
Prín.
Carac.
Duque
Carac.
Duque
Carac.
Duque
Carac.
Carac.
Duque
Aman.
Todos
Carac.
Realizó la primer prueba
pero la segunda no.
¿No?
No por cierto.
(Señalando dos calabazas grandes que habrá en un
extremo del salón.) ¿No es esa
el agua de la hermosura?
No hay tal agua... Y porque veas,
pueblo, eómo de engañarte
trataban... Al punto vengan
dos aguamaniles.
(Aparte á Caracoco.) ¿DOS?
¿Puedo saber lo que intentas?
(Aparte á Gran Duque.)
Para probar que es apócrifa
que nos lavemos con ella.
(Aparte.)
Pero yo...
(ídem ) No hay riesgo alguno.
Ved al escudero.
(Dos Pajes sacan dos aguamaniles que colocan en el
centro de la escena. Figuran vaciar en ellos el agua de'
las calabazas.)
Venga
el aguamanil. Echad
hasta que rebose. Y vean
todos, por qué indignos medios
se burlaba á la Princesa,
á Farsalia A mi... á...
Mirad
cómo en nada este agua altera
nuestros rostros. Como fuimos
somos.
(Meten un instante las cabezas en las jofainas y al re-
tirarse han desaparecido las suyas, siendo sustituidas
por una de «Zorro* la del Gran Duque, y por una de
«Asno» la de Caracoco.)
¡Ay! ¡Ay! ¡Mi cabeza!
¡Jesús!
¡Horror!
(A Gran Duque.) ¡Viejo ZOrro! • - ' '
¿Con que querías la herencia
de tu sobrina atrapar?
— 70 -
Duque ¡Asno! ¡Más que asnol ¿No eras
tú quien juzgaba imposible
que saliese de soltera?
Ter. El agua de la hermosura,
pueblo de Farsalia, es esa,
Prín. La de la verdad... que no hay
hermosura más perfecta.
Cas. ¡Vivan nuestros reyes!
Todos ¡Vivanl
Prín. ¿Y estos fachas?
Cas. ¿Qué te apena?
Uno al campo... Otro á la cuadra.
Duque Un Gran Duque... ¡qué vergüenza!
destinado á perseguir
gallinas.
Carac. ¿Y tú te quejas?
¡Mírame! Todo un ministro
al natural.
Cas. Tu cartera
no saldrá de la familia.
¡Vuelve á insultarme, babieca!
Carac. ¡Ay de mí!
Cas. No tires coces
sobre todo.
Ter. (a Amanda.) Niña bella,
sube al trono que merecen
la hermosura y la pureza.
Para ti lo ganó el Príncipe
valeroso.
Prín. ¡Fué mi estrellal
Amor y fe eran mis armas,
si yo he vencido es por ellas.
(A Terencio.)
Pero... Terencio... ¿Tú sufres?
Ter. No... Sonríe mi conciencia.
Sé feliz... El egoísmo
en la propia dicha piensa,
pero es más noble y más grande
pensar en la dicha ajena.
Prín. ¡Terencio! ¡Mi hermano!
Ter. ¡Príncipe!
Prín. Tu alma es de oro.
Ter. Tal vez sea,
pero nunca lo he sabido,
pues nunca quise venderla.
« 71 -
Cas. ¡Viva el Príncipe Sin-Miedo!
¡Viva el rey!
Ter. ¡Viva la reina!
¡Farsalial Adorna de flores
de tus reyes la carrera.
Música
(El Principe ofrece su mano á Amanda y comienza el
desfile. El Coro canta.)
Coro Salud, salud y gloria,
salud al bravo Príncipe
de nuestra hermosa reina
caballero.
La gloria le conceda sus laureles.
Salud, salud al Príncipe Sin-Miedo.
(Mutación á obscuras para dar lugar á la)
APOTEOSIS
Aparecen en un trono en el foro todos los personajes de la obra
agrupados artísticamente.
Entran al son de la marcha el Príncipe y Amanda, Casiano, Te-
rencio, Cortesanos y Soldados.
Cesa un momento la orquesta. Terencio se adelanta al público y
dice:
Recitado
Ter. Ríe, bufón, y que tu risa sea
de alegría. Ya acaba tu amargura.
Los ves felices. Goza contemplando
sus dichas que al fin fueron obra tuya.
Y refieran el cuento de mi alma
que es cuento de poesía y de locura,
¡las madres, cuando duermen á sus hijos
meciéndoles, ai borde de la cuñal
(Música y telón.)
FIN DE LA OBRA
Obras 3e los mismos autores
Duda cruel, monólogo. (Agotada.)
Lazo de unión, comedia en un acto. (Premiada en el concurso
de cEl Teatro».)
El intruso, comedia en cuatro actos, basada en la novela de
Blasco Ibáñez.
Fenisa la Comedíanla, zarzuela en un acto y dos cuadros,
música de Eafael Calleja.
Las bandoleras, zarzuela cómica en un acto y cuatro cuadros,
original, música de Tomás L. Torregrosa,
Hoímes y Raffles, fantasía melodramática con música de
Pedro Badía.
La garra de Holmes, segunda parte de la anterior, música de
Pedro Badía.
Cómo se ama, boceto de comedia en dos actos, original y en
prosa.
¡Picaro telefono!, juguete cómico en un acto y en prosa.
El príncipe Sin- Miedo, cuento de niños en dos actos, en ver-
so, música de Vicente Lleó.
Sol y alegría, zarzuela en un acto y cuatro cuadros, original,
música de Tomás L. Torregrosa.
Los segadores, zarzuela dramática en un acto, dividido en
tres cuadros, original, música de Manuel Quislant.
Los talianos, astracanada en un acto y tres cuadros, original
y en prosa, música de Joaquín Gene,
El bello Narciso, juguete cómico-lírico en un acto y en prosa,
música de Ramón López-Montenegro.
Nacer de pie, comedia lírica en un acto y tres cuadros, en
verso, música de Luis Foglietti.
La Hermana Piedad, comedia lírica en un acto y tres cuadros,
en prosa, original, música de Quislant y Badía.
¡Eche usted señoras!, fantasía cómico-lírico-bailable en un
acto, dividido en tres cuadros, música de Quislant y Badía.
Juan Sin Nombre, episodio lírico-dramático en un acto, divi-
dido en un prólogo y cinco cuadros, música de Enrique
Reñé.
Benítez, cobrador, humorada lírica en un acto, dividido en
cinco cuadros, música de Quislant y Badía.
El amigo Nicolás, aventuras cómico-líricas en trece cuadro»,
en prosa, música de Quislant y Badía.
El Dirigible, fantasía cómico-lírica en dos actos, dividido en
seis cuadros, prosa y verso, música de Luna y Escobar.
Precio: 1,§0 pesetas